miércoles, 2 de febrero de 2011

Si mi vida fuera un videojuego...

Mi vida sería mucho mejor si fuera el protagonista de un videojuego. Primero, porque podría repetir las cosas que me salen mal hasta que las haga bien. Basta con guardar antes. Segundo, porque podría tener toda clase de poderes y equipamiento. Y tercero, porque tendría el respeto de todos y la influencia como para poder ser rey absoluto. Pero no lo haría porque sería humilde y modesto, y me sentiría que soy sólo una persona, como cualquier otra. Al menos hasta que me mostraran todo lo que ganaría (económicamente, digo).

Si mi vida fuera un videojuego, yo sería el héroe. Uno que se preocupa por hacer el bien y que concreta su trabajo. No me dejaría llevar por sentimentalismos estúpidos. Si un hombre acaba de matar a diez personas y trata de escapar de mí, en lo que podría describirse como una persecución épica, cuando lo atrape, no diría una mariconeada como: “No voy a matarte porque eso sería rebajarme a tu nivel”. Le volaría los sesos en ese mismo instante.

Tendría una base donde guardaría todos mis trajes, los cuales serían algo así como los de Iron Man. Mi predilecto lo constituiría uno de color dorado con motivos negros, que llevaría equipados en los brazos armas láser estilo Halo, así como pequeñas cuchillas para ataques a corta distancia. Sería, por supuesto, a prueba de todo tipo de armas blancas, balas, misiles y hasta tendría un modo especial para explosiones nucleares, que requeriría el consumo de toda la energía del traje en el momento, pero se recargaría de forma provisoria con la radiación. Llevaría un generador eléctrico principal, de energía solar, y diez baterías que sirven de fuente de energía secundaria, las cuales se recargan con el mencionado generador.

Pero eso no es todo. Contaría también con una armería con casi todas las armas conocidas, aunque no las usaría demasiado, ya que serían más peso y me bastaría con los láseres en mis brazos para destrozar a mis enemigos.

Mi base también contaría con un hangar donde guardaría mi nave. Esta no sería demasiado grande, no más ancha que una calle interna de Buenos Aires. Así, podría vigilar la ciudad desde arriba, y maniobrar entre los edificios si fuera necesario. En estas ocasiones, contaría con un grupo de negros con Uzi que dispararían por las ventanas. Esto es más seguro en la ciudad que utilizar un láser o misil destructor, también equipados a mi nave. Como mecanismo de seguridad (además de escudos térmicos y magnéticos), formaría parte de mi vehículo volador un mecanismo sensible al tacto. De esta manera, al ser la nave tocada por algo o alguien de forma considerado amenazante (esto es, si se toca una superficie mayor a 2 cm2), le transmitiría a este una cantidad de energía considerable que lo hará explotar. Pero también tendría un lector de huellas digitales, de forma que no me haga volar en pedazos a mí o a los negros.

Claro que el equipamiento no lo es todo. También poseería superpoderes. El más importante sería el de controlar el tiempo. ¿Qué puede ser mejor que controlar el tiempo? ¿Alguien te está por golpear? Sencillo, parás el tiempo, le tirás un pedo en la cara, le pegás en los huevos, te alejás un poco y problema resuelto.
Otro ejemplo: ¿Tenés que levantarte temprano para ir al colegio o al trabajo pero estás cansado y querés dormir? Fácil, te despertás a la hora que debías, frenás el tiempo, y seguís durmiendo. O dormís todo lo que querés y después retrocedés hasta el momento que quieras.
Mi segundo poder sería leer la mente de las personas. La capacidad de control sobre otras personas que esto ofrece es irresistible.
Estos dos poderes serían una combinación majestuosa. Control sobre tiempo (y, por consiguiente, podría decirse que sobre el espacio) y sobre las personas.
Mi tercer poder (y el último, ya que no creo necesitar más de tres poderes y un arsenal mayor que el de todos los ejércitos juntos para vencer a mis enemigos) sería regenerarme, como Wolverine. Esto me haría prácticamente invencible.

Mis enemigos serían los ladrones y criminales comunes. De vez en cuando algún otro que pueda realmente hacerme frente. Que cuente con armamento y poderes.
Habría un grupo de enemigos especiales constituido por reggaetoneros (nunca supe cómo se escribe; la verdad tampoco me molesté en buscarlo), cumbieros, esas jóvenes y pedorras “estrellas” prefabricadas (como Justin Bieber o los Jonas Brothers); y también racistas y xenófobos (que se meterían constantemente con mis leales negros). Y, por supuesto, no puede faltar un nivel de zombis. Este sería el último, cuando todos mis enemigos vuelven de la muerte por venganza, pero finalmente sucumben ante el poder de mi nave, mis láseres y mis negros con Uzi.

Con todo esto, llego a la conclusión de que el juego sería muy fácil. Pero épico. Con gráficos alucinantes y un soundtrack de puta madre. Muchas batallas, sangre y cabezas que explotan. Y como, en mi opinión lo épico es largo, el juego podría considerarse infinito, ya que mi tercer poder me hace prácticamente inmortal.

Sin dudas, constituiría un juego que cualquiera querría tener en su casa. Hasta crearían una consola especial para el mismo, ya que sería tan impresionante que los demás juegos simplemente volarían en pedazos al estar cerca o donde este hubiera estado.


Hoy se me rompió el televisor cuando trataba de arreglar una conexión. ¿No puedo reintentar? 
… Dios, quisiera que mi vida fuera un videojuego.

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