miércoles, 30 de marzo de 2011

El resultado de la misión


Misión fallida

Yo sé que había prometido publicar el resultado de la misión el mismo sábado en que terminaba su plazo de vigencia, pero simplemente no pude.

El pasado viernes esperé hasta las 23:59 para ingresar a la página de estadísticas. El destino quiso que tardara justamente un minuto en entrar. Y allí vi el fatídico número: 280. Doscientos ochenta. Faltaban justamente veinte. Me quedé mirando la pantalla estupefacto.

Entré en primera instancia en un estado de negación: “No puede ser. No puede ser. Tiene que haber algún error. Este programa pedorro debe estar andando mal”, pensaba desesperado. Pero este principio fue rápidamente sucedido por la ira. Me enojé con todo. La gente, que no había hecho el suficiente esfuerzo, conmigo mismo, con el blog, con mi perro, con la página de estadísticas, la computadora. Agarré el monitor y lo lancé por la ventana, destrozando la casa de enfrente, que se encontraba en reconstrucción. Al instante me enojé porque la PC ya no tenía pantalla.

Y entonces, pasado el furor del momento, entré en un estado de profunda depresión. Fui empujado a un pozo sin fondo. No pude volver a escribir, o siquiera entrar al blog, hasta hoy. Era como volver al terreno donde había perdido; al lugar donde había sido traicionado, donde había sido abandonado sólo con este niño. Perdido en un desolado desierto.

Sé que había dicho que iba a redactar una carta de suicidio, en el caso de que la misión no fuera exitosa. Pero simplemente no estoy de humor. Y creo que tampoco se lo merecen. Porque no hicieron bien el trabajo.
Posiblemente escriba algo pronto, o nunca. Cuando quiera. Así es como son las cosas.

Los odio a todos. (Por favor no dejen de entrar a mi blog)

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