domingo, 6 de marzo de 2011

Vamos de compras

¿Sos una de esas personas que se pueden pasar horas paseando y mirando vidrieras? ¿Disfrutás entrando a negocios y probándote ropa?

Si sos mujer y contestaste sí, debo decirte que no le veo la gracia para nada. Nunca cuentes conmigo para acompañarte a zambullirte en las arenas del consumismo. Pero puedo entender que este comportamiento es propio de la naturaleza femenina.

 Si sos hombre y respondiste afirmativamente, entonces posiblemente quieras volver a chequear si realmente hay algo en tus pantalones, o si lo médico que asistió el parto de tu madre vio fue el cordón umbilical. Sos una desgracia y una vergüenza para todos. ¿Nunca te has fijado en la cara de tus padres cuando les decís que querés comprar (o ver) ropa? Posiblemente tu madre te mire entre extrañada y divertida en ese momento. Puedo asegurarte que cuando se reúne con sus amigas se ríen de vos. ¿Y jamás notaste las inexplicables heridas de tu padre? ¿O cómo cada vez que sugieres ir de compras va al baño? Él se golpea la cabeza repetidamente con las paredes. No sólo es por vos, sino por él mismo, ya que los (léase las) tiene que acompañar.

Un verdadero macho no solo no cuenta con más de tres remeras (de manga corta) o musculosas (nada de camisas, sacos, y ese tipo de cosas), sino que todas ellas están embadurnadas de sudor, sangre y vísceras, como muestra de su hombría. Siempre lleva pantalones largos, de hilo o jeans, y zapatillas de montaña o zapatos (o en su defecto, va descalzo).

En caso de que, por razones de fuerza mayor, necesite ropa nueva, este hombre procederá a entrar en un negocio de indumentaria. Será entonces acosado por un vendedor que le ofrecerá todo tipo de mierda, argumentando que es fascinante y que realmente le iría muy bien. El hombre lo ignorará, hasta que le haya ofrecido al menos cinco artículos diferentes. Entonces el comprador elegirá aquel que más le apetezca, lo estirará sobre una mesa y estrellará la cabeza del vendedor contra ella, mientras una empleada lo observa aterrorizada, desde atrás de la registradora. Tranquilamente, el macho tomará la prenda mejorada, la doblará y, a continuación, se la alcanzará a la chica de la caja para pagarla. La joven lo mirará fijamente; en sus ojos se reflejará el miedo al tiempo que el hombre le alcanza un billete de cien. Una vez recibido su vuelto, él se retirará, no sin antes darle las gracias.


Hablando en serio ahora, hay pocas cosas que realmente puedo decir que odio, e ir a comprar ropa es una de ellas. Entrar al negocio, tener que elegir y probar diferentes prendas. Cada vez que me arrastran a hacerlo, sufro un bloqueo mental. Simplemente no me siento a la altura de la situación. No tengo ganas. No me urge. Me conformo con tener dos (o tres) remeras “buenas” para salir, un pantalón de jean (o como mucho dos), y dos pares de zapatillas.

Como ya he dicho en otro artículo, soy una persona indecisa, por lo que elegir siempre me resulta difícil. A decir verdad me siento algo presionado. Esto ocurre siempre que me llevan a una casa de indumentaria. Y, por si fuera poco, los vendedores (en general) te quieren vender cualquier cosa como sea. Todo es hermoso, todo es canchero, todo es “lo que se usa ahora” (como si eso me importara). Es como si alguien te estuviera tratando de abrir la boca para darte de comer cualquier cosa que encuentra tirada en el piso, convenciéndote de que es lo más rico que probaste jamás.
En este tipo de situaciones, no funciono bajo presión. Si me empujas, voy a terminar mandando todo a la mierda y no eligiendo nada. Es decir, en este caso, que no te voy a comprar nada.

Ya para ir terminando el artículo, debo decir que no comprendo por qué la gente ya adulta, a lo largo de su vida, se sigue comprando ropa de forma periódica (digamos, por lo menos una vez al año), siendo que, exceptuando que engorden o adelgacen,  su talle sigue siendo el mismo siempre. ¿Para qué gastar dinero en algo tan superfluo?

Supongo que son tradiciones consumistas imperecederas. Así como los regalos de cumpleaños, Navidad, y cualquier otra festividad por el estilo. Son todos inventos comerciales. No hay razón alguna para que una persona se sienta obligada a llevarle una presente a otra para su cumpleaños, por decir un ejemplo. Me ha sucedido más de una vez que me han hechos ciertos regalos (que, sinceramente, no quería) para determinadas ocasiones festivas cuando yo había dicho específicamente que no me dieran obsequio alguno. Pero bueno, realmente, es problema de ellos si quieren gastar plata. Lo peor es que a veces se han enojado conmigo porque no me gustaba lo que me habían traído. Yo les recuerdo: “Dije que no me regalaran nada”. Pero la gente no parece entender. Ya que esta costumbre está metida en sus mentes. Tienen que entender que no es necesario hacer algo de determinada manera porque alguien dijo alguna vez que era así, y a partir de entonces se convirtió en un hábito global.

Quizás es que la gente siempre necesita tener algo nuevo. El inconformismo es parte de la naturaleza humana. Por más que te encante lo tenés, en algún momento te vas a aburrir de ello y vas a querer otra cosa. Este sentimiento es la base del consumismo, más allá de toda invención comercial. Mi recomendación para todos es que no se dejen llevar por este, que lo enfrenten. Se pueden permitir seguirlo de vez en cuando pero no debe controlarlos nunca.

Y, ahora, ustedes, miren dentro de su corazón y díganme: ¿Son o no son unas zorras consumistas?

4 comentarios:

  1. ME GUSTÓ MUCHO PERO CREO QUE NO ES NECESARIO PONER MALAS PALABRAS

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  2. Me parece cierta la gran parte de lo que decis, concuerdo con "anonimo". Si, es algo muy real esto del consumismo sin control. Y claro que no voy a negar que esta bueno tener algo nuevo. Pero esta es la sociedad en que vivimos y no va a cambiar, al menos por un largo tiempo. La innovacion te atrapa. Esta es simplemente mi opinion...

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  3. Que bueno que haya personas que piensan así. Que rechacen el consumismo atroz en el que vivimos. Muy bueno Alga!! Quizás si muchos tuvieran tu misma idea todavía hay posibilidades de que el mundo se transforme y triunfe lo espiritual sobre lo material

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  4. vamos contra el consumismo! No me atrae la idea de entrar a un local y probarme ropa y mas ropa. Lo hago cuando es necesario.
    Bueno, dejando de lado los insultos y eso, esta entrada me parecio muy buena y real.

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